Mi Primer cadáver
Tenía 4 años cuando mi abuelo falleció. Fue una época dura para mí, pues él era una gran fuente de conocimiento y sabiduría. Él respondía todo lo que le preguntaba cómo: “¿Por qué el cielo es azul abuelo?”. Aunque no era una persona muy estudiada, mi abuelo había leído mucho y eso le permitió salir adelante. Es lo que creo ahora que le dio la oportunidad de contestar a todas mis preguntas con autoridad. Su caso fue muy extraño, porque a él le detectaron el cáncer a tiempo, pero no fue suficiente para salvarlo ya que, el sistema de salud y los médicos, montados en su pedestal por la gente, no vieron la urgencia del caso. Así el cáncer se multiplicó sin cesar hasta que se llevó consigo la vida de mi abuelo. A medida que fui creciendo, hacía lo posible por contribuir con el cambio de este tipo de cosas. Hice un par de cursos de brigadista durante el cole, luego estuve en la cruz roja y en los bomberos, pero siempre en el área de salud, sobre todo la preventiva. Mi abuelo me inculcó que se debe prevenir antes de lamentar. Cuando llegué a 11 era reconocido por mis compañeros y maestros como el brigadista de la institución, y me perfilaban como un buen médico. Cuando salieron los resultados del Icfes en Octubre del 2011, mi profesora de ética me insistió para que me inscribiera a algunas universidades para el programa de medicina y a mí me gustó la idea.
Para enero del 2012 me enteré por fin que una de tantas universidades a las que me había presentado, públicas, obviamente, me permitiría realizar el sueño de toda mi vida. Ese fue uno de los momentos más eufóricos de toda mi vida hasta hoy, y puedo jactarme de ser una persona recatada. A principios de enero del año siguiente (2013) me presenté a la inducción del programa de Medicina de la Universidad de Antioquia, en mi Medellín hermosa. Esa semana de inducción fue impresionante, la Universidad nos llenó de sus maravillas: arte, música, teatro, cultura, etc. La primera semana fue fantastica. Estaba realmente enamorado de lo que hacía, me fascinaba, me encontraba anonadado, definitivamente era feliz…
En la cuarta semana tenía mi primer laboratorio de anatomía humana. Estaba realmente Ansioso y deseoso de ir. Quería ver mi “primer cadáver”. El día anterior permanecí expectante. Recuerdo haber comprado 1 cajetilla de cigarrillos Marlboro Ice Express en el centro comercial Éxito, a 1 cuadra de la facultad. Eran entonces las 2 de la tarde. Esa noche casi no dormí, verifiqué varias veces si llevaba en mi maletín todas las herramientas que necesitaría el día siguiente. Lleve 2 cosas de todo por sí perdía algo o sí alguien había olvidado algo. Me levanté muy temprano, aunque vivía a dos cuadras de la universidad. Me sorprendí bastante al enterarme que solo me quedaban 2 “puchos” de 20 que había comprado. Justo entonces me di cuenta de que, aunque lo hubiese negado, estaba realmente ansioso. Apresuré el paso, a pesar de que llevara tiempo extra y me encendí uno de los cigarrillos mientras caminaba deprisa. A veces, me excuso a mí mismo en que no caminaba rápido por ansiedad, que solo era el temor de que me robaran. sin embargo, realmente, sé que quería llegar y ser lo que mis amigos y yo odiábamos, el “lambón” de la clase, el que se ofrecía para todo. Quería participar ayudar al profesor a servir el cadáver, no quería perder un segundo al lado de este ser humano sin rostro, sin vida. Tenía su olor característico a formol, pero no se me parecía nada al formol que había olido en ninguno de los funerales de mis familiares, era uno más penetrante, que se te metía hasta el tuétano y te daba escalofríos. Yo decía que me hacía sentir la muerte. Debe ser que combinado con el frío de la sala que te hacía tiritar, o la sensación de los bellos tiesos del cadáver que parecía “piel de gallina”, como dice mi abuela, pero lo que más me impresionaba era que ese cadáver de una anciana que fumaba – lo resalto el profesor cuando nos mostró sus pulmones - (me apene porque yo también lo hacía) estuviese allí dentro de ese congelador hace 4 años. ¿Cómo podían conservar tanto tiempo a un muerto? No lo entendía, nunca en mi corta vida lo había visto, solo escuché alguna vez en clase de las momias de Egipto pero no sabía nada más de muertos completos que durarán tanto tiempo.
Me terminé de enamorar de mi profesión cuando miré con detalle las características de cada órgano en el estereoscopio (herramienta para observar con aumento ciertos elementos de un tamaño mayor de 1 mm). Ver cada una de las protuberancias de un intestino, ¡la longitud de la lengua de un humano! Era maravilloso. definitivamente me sentía en el lugar correcto. Allí, ensimismado, imaginaba mis órganos en funcionamiento. Al verlos allí, secos y muertos, pensé en los que yo tenia adentro, mi corazón, mis riñones, mi hígado, ahora sabía por dónde pasaba cada ducto. Cuando más concentrado estaba escuché un golpe seco sobre la mesa del cadáver y luego un rebote en el piso. No tarde mucho en voltear, por mi cabeza pasaron varias películas sobre las diferentes posibilidades del origen de aquel ruido. Pero jamás pasó por allí lo que de verdad ocurría. Era Camila, una de mis mejores amigas, que había compartido la ansiedad de este día conmigo, como por una semana. Nunca pasó en mi cabeza que se desmayara allí, puesto que ambos habíamos esperado esto con muchas ansias. supuse que le estaría pasando lo mismo que a mí, que no quería que el día junto a esta anciana desconocida terminara. Ayudé muy poco, solo la levanté y esperé allí junto con mis compañeros y el profesor a que la enfermera viniera por ella. No quería abandonar mi felicidad, pensé que ella me entendería. Ella debía saber lo que significaba para mí estar allí, o al menos eso supuse. Finalmente se la llevaron, pero no pude recobrar la concentración que tenía. Pasado un rato empecé a pensar en lo mal que había obrado en aquella situación. ¿Cómo no la lleve yo mismo a enfermería en lugar de esperar? Me sentí muy mal definitivamente, y solo pensaba en qué había sucedido con Cami.
Terminé el laboratorio emocionado pero preocupado por Cami. Entregué mi trabajo apresurando al profesor. Supongo que notó mi cambio de actitud, me lo recibió y me miró fijo a los ojos, y solo dijo: “lo hiciste muy bien. relájate”. Salí a prisa del laboratorio, olvidando que me había comprometido con el auxiliar de laboratorio para retirar el cuerpo y las herramientas. Yo en ese momento solo estaba pensando en Cami. Corrí a enfermería, quería que estuviese bien. Llegué sin aliento, pero perdí mi esfuerzo, Cami no estaba. Me fui a casa con sentimientos encontrados. Por un lado, era feliz había visto un cadáver con detalle. Por primera vez en mi vida sentía que en mi vida estaba en el lugar correcto. Pero, por el otro estaba Cami. ¿Qué pensaría de mí? ¿Dónde estaría justo ahora? Esa noche intenté dejar de lado a Cami, de eso ya me enteraría luego. Solo quise pensar en la maravillosa experiencia de ese bonito día. Esa noche fui feliz.
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ResponderEliminarPedro, es muy interesante la forma en que decides desplegar los acontecimientos que narras en tu escrito. Puedo seguir fácilmente una secuencia coherente de la temática que elegiste relatar, la forma en que conectas los eventos y situaciones engancha fácilmente. Como lo decidiste contar lo hace ameno y familiar, pude hacer una representación mental de los acontecimientos relatados sin problema. Integralmente puedo afirmar que es un escrito sólido, tal vez yo le agregaría más caracteres descriptivos que permitan que el lector pueda visualizarse de mejor manera cada personaje, pero en su totalidad es agradable leerte.
ResponderEliminarTe lo agradezco Tatiana es un comentario importante para mi.
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